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Dolorosa
dolorosa

Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) fue seleccionada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011 como uno de "Los secretos mejor guardados de la literatura latinoamericana".

Vivió en España desde 1976 hasta 1993. Es escritora, dramaturga y poeta. Publicó las novelas Muerta de hambre (1º Premio del Fondo Nacional de las Artes), La perfecta otra cosa (3º Premio Cortázar), La piel dura, Vagabundas y Fuera de la jaula. Así como el libro de cuentos Cómo usar un cuchillo. En 2015, publicó Amor invertido en coautoría con Guillermo Saccomanno.  En 2016 publicó su primer libro de poemas Carnívora (Edulp). Ha escrito para distintas publicaciones a ambos lados del océano (Babelia, Revista Quimera, Letraslibres,
El Buensalvaje, Página/12, Revista Ñ). Algunos de sus textos han sido traducidos al inglés, al portugués, al sueco y al griego para revistas digitales y en papel.
Ha publicado en Francia, México y,
en breve, en Estados Unidos. Desde 2010 coordina talleres de escritura.

 

Quando corpus moriteur, reza Corelli en su Stabat Mater. Pero en Dolorosa, una virgen con el corazón atravesado por siete espadas, el cuerpo no muere: padece el martirio de una profanación. Los poemas de Dolorosa profesan la fe en la escritura como acto sagrado, su carácter místico no proviene de un pensamiento feligrés sino de la escritura, al modo Kafka, como religión. Más de un teólogo se ha crispado ante la posibilidad de que Dios, si existe, pueda ser mujer. Y si fuera así, entonces qué. Acá hay un cuerpo, un cuerpo femenino, que goza y sufre el dolor de la pregunta que Wittgenstein se prometió no responder. Sin embargo, el oficio de la poesía consiste en insistir en esa pregunta, aquello de lo que no se puede hablar, el misterio. Cuestionando desde una liturgia privada, intransferible, que transgrede el oscurantismo y la represión, Fernanda García Lao se apropia de los símbolos cristianos transformándolos en otra cosa: una sublevación irreverente, una voz que desconfía de íconos o sermones. Una voz que profesa la fe en la palabra como herramienta deconstructiva, como cera ardiente derramada en un cuerpo que pide explicaciones.

Guillermo Saccomanno